No fue en un libro, ni en una conferencia, sino en un gesto espontáneo y minimalista el que registró una de las máximas más citadas de su aparente filosofía vital: «Una vida tranquila y modesta trae más felicidad que la búsqueda del éxito combinado con una constante inquietud». Lo escribió en 1922 mientras viajaba por Japón, y lo plasmó en un pedazo de papel que, en vez de convertirse en una simple propina, terminó convertido en un testimonio atemporal del pensamiento del físico alemán.
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Tocate los huevos. Genio entre genios por cierto...
Las ecuaciones son mas tranquilas