Sí, es cierto que hay entre seis y nueve leones rondando ahor mismo las proximidades de nuestras praderas. Sin embargo, esta vez hemos decidido no dar la alarma y enviamos simplemente este comunicado porque nos parece una imprudencia desatar el pánico cuando las consecuencias de ese pánico son, de manera consistente, peores que las consecuencias de admirir a los depredadores como algo natural, pertenciendote a nuestro hábitat como la propia hierba que comemos.
Ya basta de dramas. En el peor de los casos, morirán ocho, diez o doce de nosotras en el próximo ataque de los leones. Morirá quien le toque, quien peor suerte tenga o quiene esté en el lado equivocado de la manada, proque ya nadie saldrá corriendo. Esa es nuestra nyueva política: no habrá más carreras alocadas que dejen atrás a los viejos, los enfermos, y los lentos. Eso no es solidario. Se trata de un nuevo sistema y la verdad es que no supone grandes cambios. Cada vez que desatábamos la alarma, como hace tres semanas, morían unos veinte individuos y muchas crías resultaban heridas en el tumulto. A menudo , los leones no tenían ni que molestarse en la caza, sino que se cebaban simplemente en los muertos y los heridos durante el pánico.
Vamos a evitarlo a partir de ahora. Pase lo que pase, no habrá panico. Ninguna mala noticia se reflejará en los mercados ni en las informaciones oficiales. Pasará luego lo que tenga que pasar, pero quien tenga que morir, morirá relajdo, sin estrés y sin ansiedad. Le caerá el bocado, la bala o el cuchillo encima, y no habrá más dramas. Se acabaron las carreras por la pradera. Se acabaron las largas noches de insomnio y las huidas eternas. Somos más de sesenta mil y los depredadores no necesitan más de media docena diaria. Po9demso segyuir viviendo, casi sin miedo.
¿Para qué preocuparse d elso depredadores que hay fuera? Ellos son un problema, pero mucho peor que nosotros mismos y nuestro miedo. Ignoremos los problemas. Moriremos igual, pero sin preocupaciones. Seamos, al fin, verdaderos herbívoros.
Grcias
Powertrip