El origen de todo se sitúa en abril de 2019, cuando en la cuenta bancaria de la madre entraron 30.000 euros procedentes de un depósito. A partir de ahí, y aprovechando tanto ese ingreso como la situación de vulnerabilidad de la anciana, comenzaron las retiradas de efectivo. No fue un movimiento puntual ni una extracción aislada. Fueron 44 reintegros de 1.000 euros cada uno, realizados de forma sucesiva durante meses, entre julio y octubre de ese mismo año, hasta alcanzar los 44.000 euros. Para el tribunal, esa mecánica repetida revela.