- ¿Hola? Le llamo de la central de Tokyo. Hemos detectado un descarrilamiento cerca de Wakayama
- Miaaauu?
- ¿Con quien hablo?
- Miaaaa-miau!
- ¿Pero qué coño...?
- MIAU
- ¿Es usted... un gato? Maldita sea... ¿¿Por qué coño han puesto un gato al mando?? Hay que mandar ayuda!!!
- MIAAAAUUUU!!!
Tama cuelga el teléfono de un zarpazo. Se sube al tejado de la estación y divisa un tren descarrilado a 300 metros. Comienza a maullar con todas sus fuerzas hacia las montañas. Segundos después, un ejército de adorables gatos vestidos de sanitarios salen de entre los arbustos. Todos acuden corriendo hacia el tren. Algunos llegan conduciendo pequeñas ambulancias. Comienzan a rescatar a los heridos de entre los escombros, arrastrándolos y poniéndolos a salvo a todos.
El ministro nipón Oskaru Puenteru comparece esa misma tarde para anunciar que hay un balance de 23 heridos y 0 víctimas mortales. El tren está reparado y circula de nuevo 23 minutos tras el accidente.
Sin embargo, el tren tiene ya un retraso de 24 minutos, por lo que el señor Puenteru se levanta al final de la comparecencia, hace una larga reverencia ante los flashes de las cámaras y se despide haciéndose el harakiri.
- Miaaauu?
- ¿Con quien hablo?
- Miaaaa-miau!
- ¿Pero qué coño...?
- MIAU
- ¿Es usted... un gato? Maldita sea... ¿¿Por qué coño han puesto un gato al mando?? Hay que mandar ayuda!!!
- MIAAAAUUUU!!!
Tama cuelga el teléfono de un zarpazo. Se sube al tejado de la estación y divisa un tren descarrilado a 300 metros. Comienza a maullar con todas sus fuerzas hacia las montañas. Segundos después, un ejército de adorables gatos vestidos de sanitarios salen de entre los arbustos. Todos acuden corriendo hacia el tren. Algunos llegan conduciendo pequeñas ambulancias. Comienzan a rescatar a los heridos de entre los escombros, arrastrándolos y poniéndolos a salvo a todos.
El ministro nipón Oskaru Puenteru comparece esa misma tarde para anunciar que hay un balance de 23 heridos y 0 víctimas mortales. El tren está reparado y circula de nuevo 23 minutos tras el accidente.
Sin embargo, el tren tiene ya un retraso de 24 minutos, por lo que el señor Puenteru se levanta al final de la comparecencia, hace una larga reverencia ante los flashes de las cámaras y se despide haciéndose el harakiri.