Hace 6 años | Por Cachopín a science.sciencemag.org
Publicado hace 6 años por Cachopín a science.sciencemag.org

Lo primero que pasó por la cabeza de Alison Avenell cuando escuchó que Yoshihiro Sato había muerto fue que podría ser un truco. Era marzo de 2017, y en los años anteriores, Avenell, un nutricionista clínico de la Universidad de Aberdeen en el Reino Unido, había pasado miles de horas revisando los documentos de Sato, junto con tres colegas en Nueva Zelanda. Habían descubierto que Sato, un investigador de huesos en un hospital en el sur de Japón, había fabricado datos para docenas de ensayos clínicos publicados en revistas internacionales. "Con tantas cosas sucediendo, tanta fabricación, uno se pregunta si le conviene a la persona esconderse", dice Avenell.