A lo largo de las últimas décadas, el imperio norteamericano ha intervenido en países como Venezuela, Libia, Irak o Nigeria, siempre bajo pretextos de “libertad”, “democracia” o “lucha contra el narcotráfico”. Pero detrás de esos discursos se esconde una realidad más cruda: el saqueo de los recursos naturales y la dominación económica global. La maquinaria estadounidense combina fuerza militar, control mediático y poder financiero para asegurar el acceso a petróleo, gas y minerales estratégicos.