Entre risas y risas con Baratito Quiles o el Dandy, Torrente aporta su granito de arena al distópico presente cinematográfico que nos cuenta que es más probable el futuro en un búnker bajo tierra con tipos como Torrente aspirando a dirigir países que uno con Trump y Netanyahu entre rejas y soleadas semanas laborales de cuatro días. Como la derecha política, la audiovisual también miente. Los ciclos cambian y este de fascistas pestilentes podría estar terminando.
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