Quizá sea necesario reaprender algo básico: que la ciudad se transforma colectivamente, pero a ritmo lento. Frente a la urgencia permanente de la red, reivindicar el tiempo largo de la organización. Volver a la escalera, sin abandonar el hashtag. Porque, al fin y al cabo, la ciudad sigue siendo el lugar donde la política se hace cuerpo.
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