La apuesta busca mostrar afinidad con Washington y Tel Aviv, pero la cuenta la empieza a pagar la economía argentina, de la mano de quienes producen y trabajan. Mientras la Casa Rosada lee el conflicto como una oportunidad para el sector de la energía, el sector agrario enfrenta una suba de costos que amenaza la producción, los alimentos, el ingreso de divisas y los precios internos. La guerra, vista desde abajo, no entiende de estrategias y de intrigas de la casta política, sino que se mide en pérdidas humanas, en pobreza, en ajuste económico