Con esa información, las agencias de inteligencia de EE.UU. e Israel pudieron conocer y mapear las calles de Teherán y las rutas oficiales, llegando a rastrear los recorridos habituales del ayatolá Jamenei y su cúpula. Junto a él, decenas de mandos políticos y militares que eran, desde hace tiempo, objetivos para las fuerzas israelíes y estadounidenses. Además, relata la investigación, Israel y EE.UU. pudieron intervenir las comunicaciones del Palacio Presidencial para impedir que la Guardia Revolucionaria recibiera señales de alerta.