Imborrable

El procedimiento prometía eliminar recuerdos, de cualquier tipo.

Ana eligió borrar aquel fatídico día en que su bebé murió por un descuido suyo.

La máquina trabajó con precisión. Al despertar, un zumbido tenue vibraba en su mente pero el mundo parecía de otro color. Durante los primeros días flotaba, ligera, serena.

A las semanas, un leve hilo de ansiedad comenzó a brotar en su garganta, una presión áspera que no lograba reconocer. Solía aparecer al anochecer, tras cenar y lavarse los dientes. Cada día se iba convirtiendo en un nudo y las lágrimas brotaban sin aviso.

Un anochecer, en el umbral del baño, su mirada se clavó en la bañera. Un empujón de miedo la atravesó: pecho comprimido, garganta ardiendo, pulmones cerrados. Se pegó a la pared con sus manos cubriendo el rostro, intentando contener el grito.

Lo entendió todo. A trompicones, corrió hacia la ventana abierta y se lanzó.