El hombre del saco

Mi madre se equivocaba en casi todo, piensa Ángela en los últimos momentos de su vida. El futuro no existe, mamá, nunca existió, se dice. Piensa en tu futuro, hija, le decía, siendo ya adolescente, cuando volvía tarde a casa y seguía hablándole del hombre del saco. Menuda estupidez. Un hombre harapiento que se llevaba a niños desobedientes. Ángela se hizo modelo y se fue haciendo importante. Sabían de ella y la invitaban a fiestas de glamour y neón. Fiestas como esta. No era un solo hombre del saco, eran muchos, solloza, rodeada de hombres con dinero y poder. Mamá, se dice, mientras alguna mano agarra su cuello. Queda entonces el silencio, roto por la risa maldita de unos príncipes, reyes y otras bestias que no hacen otra cosa que proclamar que el único futuro que existe es el que ellos permiten.