En 1971, unos activistas demostraron hasta qué punto la confianza humana puede ser un peligroso agujero de seguridad. Utilizando ingeniería social consiguieron robar unos documentos secretos del FBI de una forma realmente llamativa. Durante la vigilancia previa que llevaron a cabo, comprobaron que una de las puertas interiores, donde se guardaban los documentos en cuestión, estaba siempre cerrada con llave, pero nadie del grupo sabía cómo forzarla.