Carmen llevaba más de 20 años fuera del mercado laboral. La maternidad marcó un paréntesis en su vida profesional. A los 52 años, una llamada le abrió otra puerta: un puesto de trabajo en un colegio público. Para ella era una oportunidad, pero de pronto irrumpieron el miedo y la autoexigencia. Las horas previas a su incorporación se convirtieron en una tormenta física y emocional. Se mantuvo despierta toda la noche con náuseas e insomnio. Al final, no pudo personarse en la escuela. Acudió a su centro de Atención Primaria, le recetó lorazepam.
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