Europa ha sido la cuna de varios grandes imperios, algunos de los cuales han sido capaces de pervivir durante mucho tiempo. Pero ninguno de ellos ha sido capaz de integrar a toda la ecúmene dentro de sus fronteras y a su núcleo duro, nunca más de dos o tres generaciones. Los imperios más extensos y los más duraderos originados en el ámbito europeo han tenido siempre como núcleo fundacional y como eje a una ciudad o a una región que, dentro del conjunto, era periférica. Y se han expandido desde ese punto hacia el exterior de Europa.
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