Antes de que los mapas españoles dibujaran estas costas, la vida ya palpitaba en Queilen. En el sudeste de la Isla Grande habitaban los payos, un pueblo originario emparentado con los huilliches y los chonos. Ellos hablaban el dialecto veliche del mapudungún, cultivaban papas y hortalizas, pescaban en las ricas aguas del golfo y recogían mariscos en las playas que hoy siguen alimentando a la comunidad. Su existencia estaba marcada por el mar y la tierra, por el ritmo de las mareas y las estaciones.
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