Los pueblos de la Iberia prerromana poseían deidades poderosas cuyo culto continuó durante el Imperio Romano. La riqueza de la religión de los pueblos iberos, celtas y celtíberos de Hispania era tal que los romanos adoptaron muchos de los antiguos dioses para su propio panteón. La influencia de los fenicios y los griegos conectó las deidades hispanas con las religiones del Mediterráneo, y ni siquiera el cristianismo logró hacer olvidar el poder de dioses como Lug, Ataecina, Tanit y Endovélico.