Cuando pensamos en una enfermedad infecciosa, tendemos a imaginar que alguien se contagia hoy, desarrolla síntomas mañana y transmite la infección a otros en los días siguientes. Esta intuición funciona bien para muchas enfermedades respiratorias, pero puede ser una imagen profundamente engañosa con la tuberculosis. De hecho, una parte importante de los casos que etiquetamos como “nuevos” no lo son tanto.
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