Llega el mediodía y uno no puede más. Le falta energía. Aparecen los problemas de irritabilidad, de concentración, los conflictos en la pareja o en el trabajo, y se incrementa la sensación de estrés. El cuerpo está agotado y, en medio de una reunión o en el coche, llega el sueño. De golpe, como una necesidad inmediata de echarse una cabezadita, pero la vida no lo permite. Más de cuatro millones de españoles padecen algún tipo de trastorno del sueño crónico y grave. Uno de cada tres adultos se despierta con la sensación de no haber tenido.