Este reloj óptico de estroncio necesitaría 30.000 millones de años de funcionamiento para acumular un error de un segundo. Contabiliza el tiempo con hasta 19 decimales. Un reloj tan preciso como el descrito sirve para mejorar la navegación por satélite, sincronizar redes y telecomunicaciones, estudiar cambios minúsculos en la gravedad y avanzar en física fundamental, además de sentar las bases para redefinir oficialmente el segundo, lo que impactaría en prácticamente todas las tecnologías que dependen de una medición del tiempo ultraestable.