Hay sueños que nacen mucho antes de que sepamos ponerles palabras. Para mí, uno de ellos empezó el día que descubrí a Jane Goodall. No solo por su trabajo revolucionario con los chimpancés, sino por su manera de mirar a los animales. Jane nos enseñó que no son objetos de estudio, sino individuos con emociones, vínculos y dignidad. Y eso resonó profundamente con la niña sensible y amante de los animales que leía todos sus libros y miraba todos sus documentales.
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