Hay un momento en la vida de todo millonario aburrido en el que comprarse un deportivo ya no llena el vacío existencial. Necesitan algo más. Necesitan sentirse «conectados con la Tierra». Y, aparentemente, la mejor forma de conectar con la naturaleza es pagar una fortuna por los elementos básicos de la tabla periódica, pero en su versión más peligrosa y estúpida. Bienvenidos a la Estafa de los Elementos, donde la higiene es un invento del gobierno para controlarte.
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«Toques de pino, brisa salada y libertad financiera».
Por un módico precio, claro.