Europa ha decidido que la biotecnología es estratégica, y hace bien en hacerlo. Pero la brecha es llamativa. Solo el 7% del capital riesgo mundial en biotecnología sanitaria llega a la UE. En la última década, las empresas de biotecnología sanitaria de Estados Unidos recibieron 219.000 millones de euros; las europeas, 25.000 millones.¹ Eso no es solo un déficit de competitividad. Cuando Europa depende de la producción fuera de sus fronteras para medicamentos críticos, eso es una vulnerabilidad estratégica.
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