Porque el lavado de cerebro ya no es que sea de décadas, es generacional. La gente prefiere pensar que es buena gente y aceptar la programación mientras la llevan al matadero que señalar la obviedad de que Epstein era un supremacista judío, trabajando para el estado judío, para controlar y usar a las potencias no judías. No puede haber revolución si la espina dorsal del caso le provoca un aneurisma a la gente.