Uno no tiene derecho a esconderse por miedo. Uno tiene derecho a vivir sin miedo. Pero cuando tu miedo no es tal y es una conformidad con los modos y maneras del opresor, aludir al armario, como dispositivo de supervivencia, es un insulto. Fue el tiempo, las lecturas y el conocimiento lo que acabaron dándome una respuesta: no hay armario posible que esconda la indignidad de quienes, desde su parcela de poder, alimentan la represión contra las personas LGTBIQ+ o toleran las agresiones y discriminaciones cuando vienen de quien les paga.