Los topos aparecen de forma habitual en registros de archivo, pero habitualmente en forma de espías infiltrados mencionados en informes de inteligencia o en despachos diplomáticos. Este insectívoro del siglo XIX salió del suelo un mal día y se encontró en la tienda de un soldado de la Unión. El soldado, James J. Van Liew, no parecía interesado en compartir tienda con este invitado, y lo capturó. Van Liew le mandó la piel a su mujer, Charity (¿como muestra de cariño, como broma?). Ella lo conservó durante años, aunque perdió la carta original.
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