La sala de negociación era una esfera perfecta de luz neutra, sin sombras ni rincones donde esconder el miedo. La mesa, un disco de obsidiana pulida, flotaba en el centro geométrico de la estancia, y a su alrededor se sentaban dos delegaciones: la humana, erguida en sus sillas ergonómicas con el respaldo diseñado para imitar la curvatura de una columna vertebral triunfante, y la otra, la delegación xilox, cuyos cuerpos filamentosos y traslúcidos se enroscaban en el aire como humo consciente. El embajador Aldo Fuentes, jefe de la misión …