Las células tuft son pequeñas células sensoras capaces de detectar la presencia de parásitos. Cuando las detectan, liberan diferentes moléculas mediadoras que activan el sistema inmunológico para combartirlas. Por otro lado, tenemos a las células enterocromafines (EC). Su especialidad es liberar serotonina, que activa las fibras nerviosas del intestino y envía señales al cerebro relacionadas con el dolor o el malestar estomacal. Hasta ahora no habíamos determinado claramente si estos dos tipos de células se comunicaban entre sí y es aquí donde llega este nuevo estudio demostrando que no solo lo hacen, sino que forman un sistema eficaz y elegante de comunicación en cadena desde nuestras tripas hasta el cerebro.
|
etiquetas: apetito , enfermo , mecanismo , intestino
Es fascinante cómo el cerebro prioriza 'apagar la cocina' para centrar todos los recursos en la batalla contra el virus. Ahora solo falta que descubran el mecanismo que me quita las ganas de trabajar los lunes por la mañana, y ya tendríamos el mapa completo de mi existencia. ¡Muy interesante el aporte!