De ermita a manifiesto de piedra. El relato comienza en el siglo XV con una ermita para el patrón local. El crecimiento de Arucas, en Gran Canaria, trajo en el XVII una iglesia renacentista de tres naves, y el impulso definitivo llegó en 1909: la villa decidió levantar un templo nuevo, más alto, más ambicioso. Bajo la batuta del arquitecto Manuel Vega, las obras se prolongaron casi siete décadas, hasta un final redondo y simbólico: 24 de junio de 1977, día de San Juan.