Investigadores publicaron en la revista Newton el desarrollo de un sistema de propulsión que no necesita expulsar masa para generar movimiento. El hallazgo se sustenta en una premisa física conocida desde hace más de un siglo: la luz, aunque carece de masa, transporta momentum. Al impactar contra una superficie diseñada con precisión nanométrica, ese momento se convierte en una fuerza capaz de impulsar un objeto sin contacto físico alguno. El núcleo de este avance reside en la fabricación de los denominados "metajets", dispositivos compuestos por metasuperficies. A diferencia de un espejo convencional o una vela solar tradicional, estos materiales ultrafinos incorporan patrones diminutos de silicio. Esta estructura permite manipular la refracción y la dispersión de la luz incidente. El diseño directo sobre el material redirige el flujo luminoso y genera fuerzas de empuje en múltiples direcciones de forma simultánea, un concepto que los autores comparan con el rebote controlado de pelotas de ping-pong.