En la planta menos dos del edificio D del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago trabajan los isótopos radiactivos, las radiaciones nucleares y las variaciones electromagnéticas. Lo hacen en silencio, en un espacio blanco, organizado, sin ruido visual —ni sonoro—. En una unidad con un núcleo muy claro: las máquinas. Y dos alas que forman una U. La de los profesionales sanitarios, a la izquierda del visitante, y la de los pacientes, a su derecha. Ambas están separadas por las herramientas capaces de diagnosticar y tratar a los enfermos