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La Unión Europea ha quedado retratada

Después de casi cincuenta años de estar escuchando en todas partes lo cojonudos que somos los europeos, de elevados valores y demás, y lo salvajes y asilvestrados que son todos los demás, especialmente todos esos países musulmanes y asiáticos que no siguen a USA, pináculo de la civilización, finalmente veo a mi avanzada adulta edad cómo se caen todas las caretas del Mundo.

Aquí se han quedado todos muy retratados en esta invasión, no sólo EEUU e Israel. Los países europeos, todos ellos, han quedado muy retratados también, en un principio directamente como cómplices y facilitadores de toda la catástrofe humanitaria de Oriente Medio desde Gaza hasta Irán pasando por Líbano, y finalmente como las putas oportunistas que son sin mover ni un miserable dedo para evitar absolutamente nada ni resolver un carajo, siendo como son el principal socio comercial de Israel y uno de los aliados comerciales más importantes de USA. NI UN DEDO han movido. Han tenido que ser Pakistán, India en menor medida y China (esto se lo callan muy muy mucho los medios occidentales) los que han actuado diplomáticamente para darle una salida a Trump del pozo en el que él mismo se había metido y poder abrir una tregua de dos semanas y desbloquear el Estrecho de Ormuz.

La gloriosa y líder jardinera mundial Unión Europeda, faro y guía de la Humanidad y de los valores más valores de todos los valores, no ha hecho NADA más que ponerse de perfil, seguir comerciando con ambos invasores genocidas sin sacar ni una sola de esas sanciones tan guays que con tanta alegría le aplican inmediatamente al resto de países del Mundo (como por ejemplo Venezuela), y esperar a ver si pasa todo, como sea con 90.000.000 de iraníes y 5 millones de libaneses en juego que nos dan exactamente igual todos porque son moros y son basura, y podemos volver a seguir aquí como si nada hubiera pasado celebrando "cumbres" y "G7s" como si fuéramos los más importantes del Mundo.

Por no mencionar los mensajes filtrados por el subnormal del Zanahorio de personajes abyectos como el napoleoncillo francés, diciendo que pueden hacer juntos "grandes cosas en Irán" o los degenerados inmorales de los dirigentes alemanes, protegiendo al 100% a Israel y diciendo que Trump está haciendo "el trabajo sucio por nosotros" en Irán. Eso los dirigentes "demócratas" y "fareros del Mundo", que luego tenemos a auténtica escoria como Orbán, que gracias a Dios sólo es relevante en esa pocilga de país que gobierna, a quienes tendríamos que dar de comer aparte.

A nosotros se nos va a olvidar todo para finales de esta semana, cuando ya los telediarios den paso a la siguiente gran noticia. Porque lo de Palestina ya ni cotiza y el Líbano pues mira son cosas que pasan entre esos pueblos inferiores de moros de mierda con los que nuestros socios y aliados deben desgraciadamente lidiar, muy a pesar suyo. Pero a los demás países del Mundo no se les va a olvidar, igual que a nadie se le olvida quién les atacó, humilló y masacró en el pasado, tampoco a nosotros.

El "proyecto europeo" pasará a la Historia igual que tantos otros "proyectos europeos" pasados: un hatajo de pijos miserables y oportunistas, racistas por tradición y de absoluta doble moral, capaces de dejar morir a 90.000.000 de personas (por las que el mes pasado decían estar muy preocupados) con tal de no enfadar a sus líderes Trump y Netanyahu y de no molestar a sus queridos inversores. Exactamente el mismo lugar ocuparán esas petromonarquías árabes de cabreros de mierda venidos a más: 100% colaborando con el exterminio y luego llevándose las manos a la cabeza horrorizados cuando les caían misiles iraníes, de Irán, un país literalmente defendiéndose de su propia desaparición, en su territorio desde donde se abastece, cobija y mantiene a las tropas invasoras.

Sólo podemos tener en cuenta, y doy fe de que el resto del Mundo lo sabe porque así lo han expresado múltiples países, la integridad y la humanidad de España, que en todo momento se ha mantenido firme y ligada al Derecho Internacional y ha condenado rotundamente las acciones de ambos agresores en Irán y en Palestina y en Líbano. Le siguieron tímidamente Italia y hasta se comenta que la postura de España influyó en el Primer Ministro de Reino Unido para no irse de cabeza con sus hermanos americanos (igual que han hecho las trescientas veces anteriores sin pestañear).

Quizá en algún momento la actitud de España sea la norma en Europa y los europeos puedan volver a la mesa de los mayores en el mundo. Mientras tanto, ser europeo ahora mismo es una auténtica vergüenza y ser de determinados países como Francia o Alemania es más vergüenza todavía.

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Muestro mi profunda (e inútil) preocupación

Más de 60 países miembros de la ONU han suscrito este jueves una declaración que constata su “profunda preocupación por la escalada de tensiones en Líbano”.

10 asesinados: Los países "Mostramos nuestra profunda preocupación"

100 asesinados: Los países "Mostramos nuestra profunda preocupación"

1.000 asesinados: Los países "Mostramos nuestra profunda preocupación"

10.000 asesinados: Los países "Mostramos nuestra profunda preocupación"

100.000 asesinados: Los países "Mostramos nuestra profunda preocupación"

Parada a repostar, bajamos el nivel pero seguimos matando cada día: Los países "Tururu tururu tururu".

Volvemos a la carga:

10 asesinados: Los países "Mostramos nuestra profunda preocupación"

1.000 asesinados: Los países "Mostramos nuestra profunda preocupación"

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¿En qué momento hemos aceptado que un estado puede arrasar de todas las maneras posibles a un conjunto de personas en la mayoría de casos inocentes e indefensas sin ningún tipo de consecuencia?

¿No hemos evolucionado como especie para que esto esté pasando delante de nuestros ojos y lo máximo que mostremos sea nuestra "Profunda preocupación"?

¿Cuánta gente más ha de morir? Son personas joder, niños, hombres y mujeres inocentes, familias enteras, personas con sueños, dificultades, sentimientos, como todos nosotros.

Y luego dedicando páginas y páginas de prensa a un viajecito a la luna inflado de propaganda (me encanta la astronomía y el espacio), donde se han gastado millonadas mientras se deja que miles de personas mueran de la manera más atroz.

¡Váyanse a la mierda!

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No voy a criticar a Trump por echarse atrás

Estoy leyendo a demasiada gente sedienta de sangre que afea a Donald Trump haberse echado atrás, y me parece repugnante, estúpido y descerebrado. Son tantas las ganas de atacar y ridiculizar, de todos los modos posibles, al presidente norteamericano, que hasta cuando hace lo más lógico y aporopiado se aprovecha para decirle que es un mierda, o reírle las gracias a los del TACO.

Comprendo que Israel promueva esas cosas, proque ellos querían sangre, mucha sangre, y todo lo que no sea un mar de sangre es un error, ¿pero el resto?

¿De veras vais a decirle al abusón de la clase que es un mierda y un mariquita por no haberle partido la cara al gafotas que no le dio el bocata? ¿Sois de esos? Jo, Anselmo, que maricón eres, que el gafotas se ha reído de tí. Vaya mierda es el Anselmo, que promete hostias a los pequeños y luego no les pega. Vaya pringado el Anselmo, que dijo que se mearía en la mochila d elso de primero y luego no se meó.

Yo es que leo por aquí y por medios similares, y alucino. Burlarse de Trump por no haber tirado una bomba atómica. Burlarse de él por no haber matado un millón más. ¿Qué son los que hacen eso? ¿Primos de Netanyahu o simples hijos de puta sin filiación conocida?

Nunca termina uno de sorprenderse con la cantidad de canallas que hay por ahí sueltos.

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Parece que todo fue un farol de Donald Trump

Después de las gravísimas declaraciones de Donald Trump en el día de ayer martes 7 de abril y del extraño paso atrás a última hora en el que se involucraba a un actor externo como Pakistán está claro que EEUU es oficialmente un país ridículo y que su presidente, demente ya a la vista de todos, no es meritorio de su cargo o es más bien el que ocuparía uno en una república bananera.

Las hipótesis que cabrían barajar son las siguientes:

1. Fue un farol de Donald Trump, otro más, llevado al extremo hasta el punto de que la Casa Blanca se desentendiese diciendo que sólo él, el presidente, sabía lo que haría, como si de una autocracia se tratara, con el fin de con ese tono amenazante conseguir a la desesperada que Irán abriese el estrecho de Ormuz.

2. Miembros de la Casa Blanca han disuadido a Trump de que escalara la guerra sabiendo que eso podría suponer cometer flagrantes crímenes de guerra difíciles de excusar que haría copartícipes y juzgables a varios miembros de su equipo.

3. La participación de Pakistán fue real y habría amenazado en conversaciones internar con participar activamente en la guerra, sin descartarse la escalada nuclear en caso de que Irán fuese atacado como lo había anunciado Trump.

Aún resulta difícil saber qué ha pasado realmente pero todo apunta a que lamentablemente fue lo primero ya que cualquier escenario debe contemplar ya la posibilidad de replantear la continuidad de Trump al cargo. Sin embargo, la única hipótesis con menos fuerza para ello es la primera, la de la estrategia dialéctica sin un plan de ataque real, es decir, un farol.

Y esto parece estar verificándose con el hecho de que ya nos encontramos en "el día siguiente", han pasado ya muchas horas y Trump sigue soltando bravuconadas de victoria bélica compartidas por sus portavoces y republicanos más cercanos.

Entonces, ¿Nada ha cambiado? ¿Que un presidente de un país que habla insistentemente de la paz sea capaz de amenazar con matar a millones de personas y destruir un país no tiene ninguna consecuencia? ¿Ya se han enfriado esas palabras? ¿Vamos a permitir que vuelva a ocurrir? ¿Vamos a poner al fin fin a esto?

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¿Has escrito tu discurso de despedida?

Hace poco tiempo estuve en el funeral de una amiga. Una experiencia dolorosa. Hubo un momento en dónde algún miembro de la familia pronuncia un discurso, pero el dolor dificulta muchísimo esa tarea: se termina cayendo en clichés por lo que no se recuerda la persona como tal, sino que se convierte en un discurso nacido de una plantilla, para evitar el riesgo de hacer quedar mal al que se ha ido o decir una palabra o frase inapropiada. Pensé que uno debería ahorrarle ese trago muy amargo a los familiares y tener previamente escrito el discurso. Si algo sale mal, pueden culparme, nadie mirará mal a mis familiares. Así que empecé a escribirlo y joder, no es nada fácil, ¿pongo alguna broma para romper la tensión y el dolor? ¿Una frase elocuente? ¿Qué?

Hasta hora sólo tengo este inicio: "Si están escuchando este discurso es que estoy muerto, ¡mierda!". No creo que deba dejar la última palabra.

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El lenguaje es un virus. Y tú ya estás infectado

Naciste sabiendo sentir. No sabiendo hablar: sabiendo sentir. La diferencia es enorme y nadie te la explica.

Cuando tenías tres meses eras un sistema emocional puro y sin filtros. Hambre, miedo, placer, apego. Sin comentarista interior, sin narrativa, sin "proceso mis emociones de forma disfuncional". Solo cuerpo. Solo presente. Los budistas llevan dos mil años intentando volver a ese estado y cobrando un dineral por el intento. Tú lo tenías de serie y te lo quitaron.

¿Quién? El lenguaje. Que por cierto, no es tuyo.

Antes de que llegara, la emoción era el idioma. Y funcionaba de puta madre. Darwin lo documentó en 1872: la cara de asco es la misma en Tokio y en el Amazonas, enseñar los dientes es una amenaza universal, el llanto tiene cadencias distintas para el dolor y para el hambre. Millones de años de evolución afinando ese sistema. Sin ambigüedad. Sin malentendidos. Sin "creo que lo que me quieres decir es". Compartido con primates, eficaz, honesto. Es el protolenguaje. El idioma que no necesita que nadie te lo enseñe porque ya viene instalado de fábrica.

Luego llegaste tú con tus palabras. Y lo liaste todo.

El lenguaje llegó de fuera. De tus padres, de la tele, de la cultura, de gente que tampoco eligió el suyo. Se instaló en tu cabeza sin pedirte permiso —antes de que pudieras opinar— y desde entonces no ha parado de hablar. William Burroughs lo llamó "un virus del espacio exterior". No en sentido metafórico: el sistema simbólico se replica usándote como huésped, coloniza tu experiencia y convierte cada momento presente en una narración sobre el momento presente. Dejas de vivir. Empiezas a comentar que vives.

Porque las palabras no describen las emociones: las construyen, las recortan y las deforman. Lisa Feldman Barrett lleva años demostrando con neuroimagen que la emoción que experimentas depende de las categorías conceptuales que tienes disponibles. Sin la palabra, te cuesta más construir la experiencia con nitidez. El lenguaje no es el mapa del territorio emocional: es el arquitecto que decide qué habitaciones existen y cuáles no. Y encima te cobra alquiler.

El proceso tiene nombre. Lacan lo llamó el estadio del espejo: el momento en que el bebé se ve en su reflejo y descubre que existe como objeto para los demás. Ya no es solo cuerpo que siente: es figura que otros observan, juzgan y nombran. Jung lo llamó individuación: el yo emerge no desde dentro hacia fuera, sino al revés, fabricado desde fuera hacia dentro por la mirada ajena y por las palabras que te nombran antes de que puedas nombrarte a ti mismo. Antes de ese momento, la psicosis sana: todo presente, sin distancia, sin observador. Después, la neurosis: un comentarista deportivo instalado en la cabeza que narra en tiempo real todo lo que haces, sientes y deberías haber sentido.

El Evangelio de Juan dice que en el principio era el Verbo y el Verbo se hizo carne. Bonito. Pero lo que realmente pasó en tu infancia fue lo contrario: la carne se hizo verbo. El cuerpo sintiente, la emoción directa, el presente puro —todo eso ascendió hacia el símbolo y no volvió. Ya no eres alguien que siente: eres un personaje que se narra. Y el narrador, para que quede claro, tampoco eres tú. Es el virus.

El neurocientífico Michael Gazzaniga lleva décadas estudiando pacientes con el cerebro dividido y llegó a una conclusión incómoda: el hemisferio izquierdo es una máquina de confabular narrativas. Genera explicaciones coherentes para cosas que no controló, decisiones que no tomó, emociones que llegaron de otro sitio. Y lo hace tan rápido y tan bien que te convence de que esa narración eres tú. No eres tú. Eres el homúnculo pequeñito que queda detrás, relegado a algún rincón, mirando cómo el intérprete izquierdo cuenta su historia y se la apropia. Somos, en el mejor de los casos, coautores de una novela que en gran parte ya estaba escrita.

Julian Jaynes propuso que las voces interiores —las prohibiciones, el "no deberías", la culpa— pudieron ser el origen literal de los dioses. El mono quería el plátano. La norma social decía que no. Esa prohibición, repetida hasta automatizarse, se convirtió en una voz que venía de arriba, de fuera, de algún lugar sin cuerpo. Los primeros dioses eran normas gramaticales con reverb. Los tuyos también.

Bob Dylan cantó que Dios le puso nombre a todos los animales. Lo que no cantó es que en cuanto les pones nombre los domesticas, los metes en una caja y los controlas. Eso mismo hizo el lenguaje con tus emociones.

En Informe para una Academia, Kafka cuenta la historia de un mono capturado que aprende a hablar, a caminar erguido y a beber aguardiente. Al final explica ante un comité científico que no lo hizo por admirar a los humanos ni por anhelo de libertad. Lo hizo porque necesitaba una salida. Cualquier salida. Michel Gondry hizo lo mismo en Human Nature, en versión de comedia romántica: el hombre criado como animal que al adquirir el lenguaje pierde la inocencia, gana la neurosis y pasa el resto de la película preguntándose si prefería antes. Spoiler: sí.

El protagonista de Altered States va en sentido contrario: se mete en un tanque de privación sensorial con psilocibina buscando regresar al yo pre-lingüístico, al estado anterior a la individuación donde el cuerpo y el mundo todavía no se han separado. La premisa científica es cuestionable. La pregunta que plantea no lo es: ¿qué queda de ti si quitas el lenguaje? ¿Hay alguien ahí dentro, o solo hay un sistema que se cuenta a sí mismo que es alguien?

Los replicantes de Blade Runner tenían implantadas memorias emocionales de infancias que nunca vivieron y lloraban mirando fotos que no eran suyas. La diferencia entre ellos y tú es que a ti todavía nadie te ha dicho que tu narración interna también, en gran medida, te la pusieron otros.

Los niños que ven un guiñol gritan "¡cuidado, el lobo!" sabiendo perfectamente que es un títere. Habitan el relato sin necesitar la distancia irónica del adulto. Eso que tienen los niños —la capacidad de estar dentro del símbolo sin necesitar comentarlo— es lo que los adultos hemos perdido. Los adultos ven el guiñol y piensan: "interesante representación del arquetipo del depredador". El lobo ya no les da miedo. Y eso no es madurez. Es disociación con buena prensa.

Pasa lo mismo con el cine. Puedes ver una película sintiéndola —dejarte arrastrar, que el corazón se acelere cuando el personaje corre, que se te haga un nudo cuando se despide— o puedes verla analizándola: plano contraplano, estructura de tres actos, "interesante uso de la elipsis temporal". Las dos formas son válidas. Pero solo una te mueve de verdad. El lenguaje, cuando funciona como escudo en vez de como puente, te saca de la experiencia y te pone a comentarla desde fuera. Y una vez fuera, el lobo ya no muerde.

El único momento en que la máquina se para del todo es el flow: cuando estás tan metido en algo que el comentarista se calla solo. Los músicos, los deportistas, los cirujanos en mitad de algo difícil lo conocen. Desaparece el monólogo. Desaparece la distancia entre el que hace y lo que se hace. O eres, o cuentas. Las dos cosas a la vez no tocan.

¿Solución? No hay. El lenguaje es el único antídoto para el lenguaje, lo cual es exactamente el tipo de trampa que solo puede diseñar un parásito inteligente. No puedes salirte del sistema. El mono de Kafka ya no puede desaprender.

Lo que sí puedes hacer es saber que estás infectado. Que el virus llegó de fuera. Que antes de él había algo.

Y que ese algo todavía está ahí, debajo del ruido, intentando decirte algo sin palabras.

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Las noticias limitan la comprensión

Extraído de Dieta de Noticias de Rolf Dobelli

Las noticias no tienen poder explicativo. Los mensajes cortos son como burbujas de jabón pequeñas y relucientes que estallan en la superficie de un mundo complejo. Y aún es más absurdo que la industria mediática se imagine que informa de los hechos tal como son. Esos hechos de los que da cuenta no suelen ser más que efectos secundarios y consecuencias de causas más profundas. Aunque devores las últimas imágenes y noticias de Siria cada día, no entenderás mejor esta guerra. De hecho, sucede al revés: cuantas más imágenes de guerra y noticias del frente recibas, menos entenderás qué y por qué está sucediendo en la zona de guerra. Las empresas de la industria mediática y los consumidores de noticias sucumben al mismo error: la yuxtaposición de los hechos se confunde con la comprensión de los contextos funcionales del mundo. «Facts, facts and more facts» («Hechos, hechos y más hechos») es el credo que recitan casi todas las empresas del mundo de la información.

En realidad, lo que deberíamos entender son los «generadores» que subyacen a los acontecimientos visibles. De hecho, deberíamos explorar la «sala de máquinas» desde la que se originan las noticias. Por desgracia, hay muy pocos periodistas capaces de explicar las conexiones causales. Porque los procesos que determinan importantes transformaciones culturales, intelectuales, económicas, militares, políticas y ecológicas son, en su mayoría, invisibles. Son complejos, no lineales y difíciles de asimilar para nuestro cerebro. Por eso las empresas de la información se centran en cosas ligeras: anécdotas, escándalos, historias de famosos y fotos de desastres. Son baratas de producir y fáciles de asimilar.

Es más, los contados periodistas que podrían entender y escribir sobre la «sala de máquinas» no tienen espacio para ello. Por no hablar de tiempo para reflexionar. El motivo es que la masa de lectores prefiere consumir diez canapés de noticias telegráficas antes que un solo artículo de fondo. Diez escándalos crujientes uno detrás de otro captan más la atención —y, por lo tanto, automáticamente más ingresos publicitarios— que un texto inteligente de la misma longitud. Quizá recuerdes de tu infancia esas páginas en blanco en las que solo se veían unos puntos numerados. El pasatiempo consistía en unir con líneas los puntos por orden numérico. Una vez acabado, aparecía el dibujo. Las noticias no son más que puntos, pero el caso es que nadie se toma la molestia de conectarlos y resolver el pasatiempo. Y así, por más noticias que consumas, no aparece ningún dibujo.

Para trazar un panorama general, hay que establecer conexiones; en concreto, inserir los sucesos en la historia, establecer las interdependencias, la retroacción, los efectos inmediatos y, finalmente, las consecuencias secundarias que a su vez se desprenden de los mismos efectos. Pero a los periodistas informativos eso no les importa. Las noticias son lo contrario de la comprensión global, pues sugieren que solo existen sucesos, sucesos inconexos; en otras palabras, «hechos, hechos y más hechos».

En realidad, es al revés: casi todo lo que sucede en el mundo es complejo. De manera que pretender que cada uno de estos fenómenos es independiente equivale a una mentira, una mentira que los productores de noticias difunden y que nosotros, los consumidores de noticias, encontramos muy apetecible. Y eso es trágico, porque consumir noticias para «entender el mundo» es peor que no consumir ninguna noticia. Ya en el año 1800, Thomas Jefferson, uno de los padres fundadores de Estados Unidos, reconoció que «quien no lee nada es más instruido que quien solo lee los periódicos». Los hechos te impiden pensar. Tu cerebro se ahoga en un mar de hechos. Cuando consumes noticias, sucumbes a la ilusión de que entiendes el mundo. Y esta ilusión conduce a un exceso de confianza (en argot profesional inglés, overconfidence).

En un estudio bien conocido, el profesor Paul Slovic, de la Universidad de Stanford, evaluó la calidad de las apuestas hípicas proporcionando a los participantes cada vez más datos sobre los caballos. Preguntó a los participantes no solo qué caballo ganaría la carrera, sino también hasta qué punto estaban convencidos de la calidad de su estimación. ¿El resultado? La cantidad de información sobre cada caballo en concreto (es decir, la información obvia) no influyó en la calidad de las apuestas, sino en la confianza de los participantes. La cautela, el escepticismo y la humildad necesarios quedaron sepultados por el alud de información. Las evaluaciones cautelosas cedieron su sitio a fracasos seguros.

Tú, querida lectora, querido lector, no quieres ser víctima de semejante alud de noticias. Tú eres consciente de que la calidad de tus decisiones disminuirá si se basa en «hechos, hechos y más hechos». Si, en cambio, renuncias a las noticias, en primer lugar debes aceptar que el mundo no es fácil de entender. Serás más humilde en tus conocimientos, más cauteloso, más reflexivo, y no serás víctima de un exceso de confianza.

«Nadie sabe lo que está pasando. Solo los periódicos, día tras día, actúan como si ellos sí lo supieran», escribió el clarividente Max Frisch hace más de cuarenta años. La actualidad eclipsa la comprensión. Lo mejor que puede hacerse es prescindir por completo del suministro diario de noticias. Lee libros y artículos largos que hagan justicia a la complejidad del mundo, y huye de los titulares brillantes. Nada de meras fuentes de hechos. Nada de puntos sin líneas que los relacionen. Al cabo de unos pocos meses, te verás recompensado con una comprensión más clara del mundo.

En resumen:

Las noticias proporcionan lo contrario de una comprensión global. Despídete de la llovizna de noticias. Lee buenos libros y artículos largos y de calidad que te darán una idea de la «sala de máquinas» del mundo.

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