Enola vive en un piso compartido, tiene pareja y empiezan a soñar con emprender un proyecto de vida juntos. Aunque ambos trabajan, las cuentas no salen para poder pagar un piso de alquiler: “no podemos permitírnoslo”. Ángela se da de bruces con la misma realidad, le gustaría vivir sola, porque tiene un buen trabajo: "son precios muy altos, que a una persona sola le cuesta mucho asumir, aún con un sueldo bueno”. Así que alquila una habitación en un piso compartido, y se queja de que los precios de las habitaciones tampoco son viables.