Desde hace más de una década, el DLR mantiene un sistema de observación en Tenerife que monitoriza estas irregularidades mediante receptores GNSS. Este trabajo continuo ha permitido detectar cómo estas estructuras invisibles alteran las señales de radio, generando el conocido centelleo ionosférico, capaz de degradar la precisión del GPS. Las burbujas de plasma, invisibles al ojo humano, se forma por la noche y pueden ocupar kilómetros de extensión.