En la actualidad vivimos en una sociedad absolutamente concienciada con el rigor médico, en donde se exigen los mayores estándares de calidad a las empresas farmacéuticas y a los profesionales sanitarios y por ello no se tolera y en muchos casos se persigue tanto por parte de particulares, asociaciones de pacientes así como por las autoridades sanitarias cualquier tipo de error, negligencia o mala praxis médica que atente contra la salud de los ciudadanos o que simplemente los sitúe bajo un riesgo innecesario.