En la grey de los colonos del Congo me he encontrado, como en cualquier otra grey que se precie, con ovejas negras y blancas. Gentes honradas, trabajadoras, de espíritu abierto, y también auténticos delincuentes, trabucaires de la peor calaña, estafadores, vagos, etcétera. Esta última especie constituye, por desgracia, un grupo muy numeroso.
Son los detritus de media docena de países europeos. Hombres inadaptados a todo molde de convivencia que, incapacitados para abrirse paso en una sociedad normalmente organizada, han tenido que buscar en el "Far West" africano la promoción social y económica que en sus propios países no encontraban.
Al oveja negra se le tropieza en cualquier lugar del Congo y se le reconoce tras un breve intercambio de palabras. El prójimo, para él, es sinónimo de enemigo. A quien no rechaza por esto, lo anatematiza por aquello. Y al negro lo considera, por principio, una pura bestia a la que hay que uncir al yugo siempre que sea posible. En esta época su frase favorita es: "un negro muerto vale más que un negro vivo". Y también: "los mejores negros son los que están muertos".
Todos estos individuos, salvo excepciones, trabajan con el sello de la mediocridad más acongojante. Su escaso mérito profesional les relegaría en Europa a los últimos puestos, pero aquí, en donde casi no hay nada, en donde falta casi todo, son considerados elementos útiles. Un mal mecánico en Bélgica se convierte en jefe de taller en el Congo. Un médico fracasado en una aldea de Gran Bretaña abre una consulta abre una consulta cara en Leopoldville si las cosas le ruedan medianamente bien. Al final de cuentas se trata de la vieja historia del tuerto en el reino de los ciegos.
Yo he sufrido todo un haz de experiencias lamentables en mis relaciones con estos personajes. Por ejemplo, con el fin de ilustrar gráficamente la primera entrevista que sostuve con Tshombe, contraté los servicios de un portugués, con treinta años de residencia congoleña, que trabajaba nada menos que como fotógrafo de la Embajada Norteamericana. El hombre tomó su cámara y durante la entrevista, que fue muy larga y sin agobios de ninguna clase, impresionó un rollo completo. Al día siguiente, cuando fui a recoger las fotografías, me comunicó que en razón de un descuido suyo había malogrado el reportaje entero. "¡Pamba! ¡pamba!", repetía el cretino sonriendo alegremente. Luego me contaron otros desaguisados profesionales de este individuo, pese a lo cual se le consideraba como uno de los mejores fotógrafos de la capital.
Un punto muy característico en la mentalidad de los ovejas negras consiste, sin excepción, en su tendencia a menospreciar los juicios que sobre el Congo aventure cualquier persona con menos años que ellos en el país. Es corriente escuchar frases de éste tenor: -¿Eso le ha dicho? No le haga caso. ¡Qué sabrá él! Fíjese que llegó aquí en 1952 y yo me encuentro aquí desde 1948. Yo le voy a explicar...
Y la verdad es que los más ignoran por completo la realidad congoleña, la cual únicamente conocen a través de campos visuales ceñidísimos y meramente anecdóticos, sin profundidad ni trascendencia alguna.
Por cierto que algunos observadores achacan a la presencia de estos individuos el odio y el desprecio que en amplios sectores de la población africana se le tiene al blanco. En un recorte de un diario italiano que conservo, aunque sin cita de procedencia alguna, se lee:
Aunque no tienen derechos, aunque ya no pueden abusar como en tiempos de la colonia, siguen cometiendo excesos, creando problemas, y no desaprovechan ocasión alguna para chocar con el elemento autóctono. Sus vidas íntimas, por lo general, también ofrecen un lamentable espectáculo que induce al negro a pensar que el mundo del blanco es así: podrido y carente de moral. Bastantes congoleños saben distinguir y evitan caer en el fácil cauce de las generalizaciones, pero para la mayoría el ejemplo de los europeos arrogantes y depravados es el que uniforma sus criterios a la hora de juzgar al blanco. El mal que tales gentes están haciendo es muy grave y, de momento, irremediable.
Diario de la Guerra del Congo - Vicente Talón (2013)