[ Nota del autor: había puesto este microrrelato como comentario de contrapunto en el estupendo relato de @ombresaco, "Los humanos primero", pero después he pensado que valía la pena ponerlo como microrrelato independiente, ni que sea fuera de concurso (sólo se puede presentar uno, y, además, éste se pasa del tope de palabras). Además, he aprovechado para hacer alguna corrección. ]
Al pequeño Henry le brillaban los ojos de la alegría. Sabía que hoy pasaría algo, sabía que hoy habría sorpresa. Al ver acercarse el coche de sus padres empezó a dar saltitos de la emoción. Corrió a la puerta…
-¿Que te pasa, Henry?- le dijo su padre, divertido, socarrón, poniendo a prueba al niño.
-¡¿Dónde está, dónde está?!
-¿Dónde está, el qué?
-¡EL GATITO!
-¡Jajajajaja! Lo trae tu madre, en una caja.
El niño salió corriendo a buscar a su madre, que sacaba la caja con el gato del coche, con tan mala suerte que tropezó con el escalón de la entrada y rompió con la cabeza uno de los macetones de la entrada. La madre dio un respingo:
-¡Henry, ¿estás bien?!
-¡Sí, mamá!-, mientras se levantaba y se sacudía la tierra, corriendo de nuevo hacia su madre.
-Vaya, tienes una brecha en la frente, cariño. Mira, acompáñame dentro y te aplico Bondaflex, y después puedes jugar con el gatito hasta la hora de comer.
-Sí, mamá.
-Y mientras nosotros comemos, acuérdate de ponerte en el pod de recarga, que estás casi sin batería.
-Sí, mamá.
Henry le dió un beso a su madre y se fue a jugar con el gatito.