Nos convirtieron en datos susceptibles de predicción. Transformaron nuestras vidas en un ciclo interminable de optimización. Apuntalaron el 'statu quo' en una realidad matemática, inquebrantable, que repartía una justicia maniquea. Pero quienes fuimos clasificados como no aptos, los prescindibles, nos alzamos contra la mente absolutista del algoritmo.
Creamos una sociedad paralela. Leíamos ‘La biblia del neoludita’ en asambleas secretas, difundíamos nuestra doctrina en los bancos de alimentos comunitarios, utilizábamos de forma encubierta el papel moneda... La única forma de derrocar a un tirano omnipresente es colocar un arma en la mente de cada persona que anhele recuperar su humanidad.