Este concierto del 8 de julio de 1991 fue la última de las muchas apariciones de Miles Davis en el Festival de Jazz de Montreux y tuvo lugar sólo unos meses antes de su muerte. A pesar de una desafiante filosofía de "nunca mirar atrás", Quincy Jones y Claude Nobs persuadieron a Miles para que participara en este homenaje a su gran amigo Gil Evans.