Sufragio censitario

Cuando hablo del sufragio censitario pasa como con la eugenesia, nada más empezar a escucharme la gente saca su revolver a pesar de que, gracias a los diagnósticos prenatales, llevamos décadas eliminando embriones que vienen al mundo con ciertos problemas. También llevamos décadas practicando un sufragio restringido con los menores, aunque con dieciocho o veinte años seamos prácticamente las mismas balas perdidas que eramos a los dieciséis. La urgencia por disparar viene dada porque en el pasado estas ideas se desarrollaron de formas infaustas y maneras terroríficas para seguir manteniendo sometidas a las mujeres o a los negros o para exterminar a los judíos, pero no son intrínsecamente malas ideas si no se desarrollan en un sentido perverso. Creo que en un estado donde no existen grandes tensiones raciales o de clase merece la pena repensar un sufragio censitario que tenga que ver con el nivel de instrucción, en ese caso no separaríamos a la gente de forma inmutable por sexo o raza, ni tampoco por su renta o propiedades. Sería más bien una manera de desmotivar a los idiotas, pero no es tan difícil que los idiotas dejen de serlo si en vez de ver Televisión se ponen a leer.

El problema es que en España junto a un sistema electoral chapucero sufrimos a dos partidos votados por masas de idiotas que tienen la capacidad de curvar el espacio político, de modo que a muchos ciudadanos se les escapa su voto hacia esas formaciones con razones que perpetúan el bipartidismo, como el argumento del "voto útil" o haciendo que en vez de votar por un partido votemos contra un partido, porque nos roban a base de bien, pero la alternativa es peor. Y de ese modo se van turnando dos formaciones plagadas de vasallos y rateros al servicio de los poderosos, desde los capos de la aldea más diminuta hasta grandes empresas e instituciones que pasan por encima de la ley y de la sociedad gracias a los títeres que ponemos en el gobierno. Pero es un síntoma que nuestros políticos sean manipulables y corruptos, la enfermedad es una democracia impulsada por idiotas. El mal es anecdótico, la tontería es general e igual que unos pocos lobos no pueden sobrevivir sin un mayor número de borregos allí donde imperan los abusones abundan los idiotas.

Es necesario encontrar una manera de desmotivar a los idiotas. Reformar el sistema electoral ayudaría, porque el actual castiga a las formaciones pequeñas haciendo desaparecer millones de votos que son precisamente los que corresponden a los ciudadanos menos lelos. Y esto es así porque los fenómenos estúpidos son por lo general un producto de las mayorías, porque la dependencia, la ignorancia y la credulidad imperan de forma aplastante sobre la libertad, el conocimiento y la racionalidad. Es cierto que minorías de intelectuales tienen ideas pésimas, y los arquitectos no dejan de demostrarlo con cada museo que levantan. También hay minorías poco lúcidas que siguen doctrinas terroríficas, pero para tener éxito como mínimo necesitas demostrar que tienes ideas verdaderamente estúpidas. Si las mayorías decidieran en todos los ámbitos E. L. James tendría el nobel de literatura, el ministerio de ciencia y tecnología subvencionaría la homeopatía y cualquier tertuliano habría llegado a ser ministro de cultura. Nuestro sistema fomenta la idiotez y castiga el buen juicio.

Pero incluso con un sistema electoral bien hecho nos seguirían sobrando millones de votantes. Hay que desmotivar a los más tontos. Se podrían poner tantos trámites para votar como los que se exigen para abrir un negocio o pedir alguna ayuda, pero quizás espantaríamos a los apáticos, y los apáticos no son necesariamente tontos, mientras que los tontos sortean bien la burocracia porque nunca descansan. Lo mejor sería utilizar algún tipo de exámenes. La corrupción y el saqueo de las oligarquías financieras se debilitarían si tendiéramos hacia la aristocracia a los dos lados del sufragio. El Estado no puede ser un crucero que se limite a cargar con un pasaje políticamente ocioso, es una nave en la que todo el mundo debería ser tripulación, pero el pueblo debe tener nociones de navegación. Si el gobierno es del pueblo, entonces el pueblo tiene que justificar que se ha instruido sobre el sistema que utiliza para gobernar, de otra manera no debería permitirse a los ciudadanos participar en su formación. Sólo en los dibujos animados dejamos que un cretino controle una central nuclear, y un gobierno es mucho más importante que una central nuclear.

Si hemos establecido exámenes para poder conducir un simple automóvil con más razones deberíamos exigirnos conocimientos sobre el gobierno de nuestro Estado antes de ponerlo en marcha. Por eso para poder votar tenemos que exigirnos conocimientos suficientes sobre los principios y el funcionamiento de nuestro sistema de gobierno. Aunque no queremos respuestas doctrinales porque una democracia tiene que ser continuamente contestada, pero hasta para hacer eso hay que saber lo que cuestionamos. También habría que demostrar alguna cultura general y un pensamiento crítico. Lo primero no es tan importante, porque el buen juicio no depende de un conocimiento enciclopédico, aunque el conocimiento si que ayuda a tener más criterio. Así que en ese apartado me conformaría con pedir que los aspirantes al ejercicio del voto hicieran una pequeña redacción sobre "El conejo y la hormiga". Sólo contando con la ortografía el número de suspensos, y por lo tanto la cantidad de ciudadanos sin derecho a participar en las elecciones, iba a ser abrumador. Sería una feliz catástrofe que, como mínimo, haría la política más interesante.