Pocas veces una palabra tan técnica —transformador— ha concentrado tanto poder sobre el futuro de nuestras empresas, industrias y economías. Generalmente invisibles, esos grandes bloques de acero con componentes cerámicos que solemos ver a lo lejos en subestaciones o colgados en postes eléctricos están definiendo hoy el ritmo —o el freno— de la electrificación global.
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Pero claro, si es La Iniciativa Privada quien tiene que hacerse cargo de más transformadores, o menos, o nuevas subestaciones, o las viejas... pues agárrate que viene curva. Y prepara tu cartera personal, que el Sector Privado no está para gastarse los beneficios en darte un mejor servicio: eso hay que hacerlo mediante jugosas subvenciones a fondo perdido, o sea mediante tu puto dinero de los impuestos, y más impuestos, que si quieres transformadores y trenes, hay que recortar del colegio de tus hijos y de tu ambulatorio, lujos que no te mereces porque eres un perro, para darle fuelle a La Iniciativa Privada.
Liberalismo aplicado.