El plástico, omnipresente y persistente, ha pasado de ser símbolo de progreso a convertirse en uno de los mayores desafíos ambientales del siglo XXI. En este contexto, la iniciativa liderada por Paige Balcom en Uganda introduce una idea potente: tratar el residuo como materia prima local, no como problema externo. Con esta iniciativa se le puede dar una segunda vida al plástico y se genera empleo local. Este proyecto es el resultado de 6 años de investigación y desarrollo.