Así Stengen comentaba que no hay término medio: o bien dios existe o no existe. Y si existe, sobre todo el único verdadero: el judeocristiano según nos llevan «explicando» doctos teólogos durante milenios dedica gran parte de su tiempo y sus increíbles poderes a realizar acciones que, no solo tienen consecuencias observables en nuestro universo, sino que muchas veces alteran (e incluso llegan a violar) las leyes fundamentes de la Física, de la Química y del resto del sólido conocimiento científico actual.