Lo que empezó como una estancia para mejorar el inglés ha terminado convirtiéndose en una radiografía inesperada de dos realidades de trabajar en el campo muy distintas: la del irlandés, estable, rentable y socialmente valorado, frente a la española, marcada, según su experiencia, por la temporalidad, los bajos ingresos y la falta de relevo generacional. “Es el mismo trabajo, pero las condiciones no tienen nada que ver”