En 1686 desembarcó en Brest una exótica comitiva que causó sensación en la población local. Se trataba de una embajada enviada desde el lejano Siam por el rey Narai para firmar una alianza con su equivalente francés, Luis XIV, con el objetivo de poner coto a la presencia holandesa en el sudeste asiático. El principal impulsor de la idea fue el consejero del monarca siamés, un aventurero griego llamado Constantinos Phaulkon que quizá aspiraba a usar a los galos como fuerza para cristianizar el país y hacerse con el poder.