En 1691 el tribunal de justicia de Jürgensburg, una ciudad de la Livonia Sueca, tuvo que juzgar un caso insólito e inaudito: un reo, Thiess de Kaltenbraun, había sido acusado de ser un hombre lobo y admitir que, tres veces al año, bajaba al Infierno junto con otros de su especie para luchar contra Satanás y sus brujas. Los jueces se encontraron así con la paradójica disyuntiva de fallar a su favor o en contra. Al final fue condenado porque admitió no acudir a los servicios religiosos y practicar el curanderismo mágico; herejía, pues.