Durante el mandato del emperador Claudio, según Plinio el Viejo, un barco romano que navegaba por la costa de Arabia fue empujado por los vientos monzónicos hacia oriente y terminó recalando en la isla de Ceilán (actual Sri Lanka). A bordo viajaba un liberto que trabajaba para el servicio de recaudación de impuestos del imperio y que fue acogido calurosamente por el monarca de Anuradhapura, quien le facilitó el regreso a Roma acompañado de cuatro embajadores para establecer relaciones diplomáticas.