Es casi seguro que ningún lector sabrá qué animal es un camelopardo. En sentido estricto, ninguno; pero, si lo decimos en latín, se trata de la denominación científica de una especie: Giraffa camelopardalis, que así llamaron los romanos a la jirafa, al considerarla un híbrido de camello y leopardo, cuando Julio César exhibió una por primera vez. Ese episodio histórico dio pie a que, quince siglos más tarde, otro ejemplar entrase en la historia con nombre propio y además ilustre: la conocida como Jirafa Médici.