En el norte de Grecia, entre los ríos Strymon y Xiropotamos, se alza una mole de piedra que ha sido testigo silencioso del nacimiento y la caída de imperios. Su nombre es Pangeo, una montaña que no alcanza los dos mil metros de altura —su punto más alto llega a los 1956 metros— pero cuyo subsuelo guardaba un secreto tan valioso que reyes y conquistadores derramaron sangre por poseerlo: el oro y la plata. Hoy, el Pangeo es un macizo montañoso que forma parte de las Ródopes griegas, ubicado al oeste de la ciudad de Kavala.