Pocas cosas encuentro más saludables en esta vida que (ver) machacar nazis. No solo hablamos de bienestar físico y emocional, sino que es también una apuesta comercial segura, como demostró en su día Tarantino con sus Malditos bastardos. También imperecedera, pues siempre vuelven. No importa cuántas veces creas que los has derrotado, a cuántos gerifaltes hayas colgado de una soga. Nunca serán suficientes, porque un nazi es como la energía, ni se crea ni se destruye, solo se transforma. Uno de los personajes de Pulp, penúltimo cómic
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