La guerra es tan antigua como las propias comunidades humanas. Sus orígenes, en la prehistoria, se diluyen en una delgada línea fronteriza entre supervivencia y conflicto planificado. Desde las primeras sociedades de cazadores-recolectores hasta el surgimiento de los asentamientos neolíticos, la competencia por los recursos y el territorio pudo desencadenar enfrentamientos organizados previamente.
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