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«¡Hacedle una foto a Salinger!»
.... Russell se pasó dos días y medio esperándolo entre unos matorrales. Llovía y hacía frío, o al revés. Estaba a punto de perder la esperanza. Entonces, apareció. Llevaba puesto el mono que usaba para escribir y trabajar en el jardín. «Estaba tan cerca que me dio miedo que oyera el clic del obturador». Tuvo tiempo a sacar media docena de instantáneas.
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