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Hace 50 años, Ricardo Bofill construyó un laberinto amable, con escaleras como burbujas al cielo y espacios que parecen trozos de mar. Bellísimo y fotogénico como una estrella de cine
Tanto que acabo siendo su maldición. En La Brasa Torrijos de hoy, la Muralla Roja. El octubre pasado aparecieron en la red y en los medios un montón de titulares que decían algo así como "El edificio que ha inspirado El Juego del Calamar". Ilustraban esos titulares con fotografías que parecían inequívocas. A un lado, imágenes de la serie coreana; al otro, fotografías de un edificio que, sinceramente, no parecía real. Parecía fruto de la mente de un ilustrador o un diseñador de producción.
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