Mientras los artistas soñamos en privado con conectar con el público, de puertas afuera lo negamos, no es cool mostrarlo porque eso sería perder estatus. Somos unos hipócritas. Anhelamos ganarnos la vida haciendo lo que queremos, pero nos avergüenza ser mainstream porque la narrativa del artista incorruptible es más seductora que la que quiere, sencillamente, poder pagar las facturas sin tener que coger curros de mierda.
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